Es difícil después de escribir unos cuantos mails, juntarlo todo para ponerlo aquí, pero va para todos, mi reseña de la primera semana en Madrid, o como le dicen por aquí, “Donde hace un calor de puta madre”.
A punto de aterrizar mi avión, las cosas empezaron a arder. Pude observar el panorama desolador del oriente de Madrid: Una planicie con muy pocas depresiones. Árida.
Al llegar, los primeros árboles. Según yo, eran olivos. Comenzó a subir la temperatura. Después de viajar once horas a 900 km/h, nos detuvimos. No tuve problemas en migración, ni con las maletas que venían atiborradas de bolsas con café, miguelitos, y mazapanes. El problema fue que iba de camisa y saco (me recomendaron vestir de saco cuando viajara en aeropuertos, ya que te tratan mejor, y sí, la magia sí funciona, a pesar de la barba que me cargo), y pasé de los muy confortables 19°C del avión a los deliciosos 33°C del mediodía veraniego típico de Madrid.
Tomé un bus exprés que me dejó en uno de los centros de transporte más confluidos de Madrid, Avenida de América. Caminé hacia el hotel cargando y arrastrando más de 60 kg de equipaje (casi mi peso), bajo el Sol de Madrid, y llegué casi desmayándome, a pedir una regadera (no eran más de 300 metros del Metro al hotel).
Después de 10 vasos de agua, un regaderazo de agua helada, salí a buscar a mi rommate, a quien no pude encontrar hasta el día siguiente. Mientras tanto, recorrí la Gran Vía, conocí la Plaza España, y algunas callecitas aledañas, incluido un albur que ahora que encuentre la foto, la pongo (ver www.flickr.com/photos/lepato).
Al día siguiente comenzó la carrera por conseguir departamento: más de 30 llamadas de las cuales sólo nos contestaron una. Estar deletreando correos electrónicos en contestadoras de viejitos e inmobiliarias era un poco entorpecedor, y caro (60 céntimos de EUR por minuto, 12 pesos cada llamada).
Durante mi estancia en el hotel, me hice amigo de un tipazazazazazo: Lucho, un colombiano de unos 40 años que me ha dado la mitad de los tips de la ciudad, y me hizo un gran favor al llevarme al IKEA del pueblo a comprar mis sábanas, y almohada, así como unos vasos para tomar agua y para el café. Todo bastante barato. En comparativa, a la mitad de precio que saldría comprar un juego de sábanas, y colcha y una almohada en Liverpool, o el Palacio de Hierro.
Hablando de eso, acá el Corte Inglés es como Liverpool, pero peor. Hay Cortes Ingleses por todos lados, y venden desde guías de turistas hasta huevos de gallina —aunque las gallinas no tengan muchos huevos en nuestro ideario cultural—. Los hay por todos lados, en serio. Están cañones.
Bueno, pues mi primer amigo acá, es colombiano. Trabaja de capitán en el hotel, tiene un Audi que está a toda madre, y ya. Es buena onda. Dice que a él un español lo trató de maravilla cuando emigró a Madrid hace 19 años, y que desde entonces se le ha quedado la costumbre de ser buena onda con los migrantes que conoce. Ni me permitió dejarle propina.
Ya miércoles, decidimos hacernos de unos teléfonos de tarjeta, para poder dejar nuestro número en todos lados. Funcionó: nos regresó la llamada Marcelino, quien alquilaba un piso (depto.) en Moncloa, que está a 30 minutos de nuestra escuela (la ETSAM; escuela técnica superior de arquitectura de Madrid). Nos dijo que fuéramos casi de inmediato a ver el departamento. Hora y media después, como a la 1:30 PM ya estábamos con él.
El departamento mide 35-40 metros cuadrados, con tres recámaras, la más pequeña, que es la mía, de unos 5 metros cuadrados, las otras dos de unos 6. La cocina de otros 3, la sala, de unos 9, y el baño unos 4. (Y los arquitectos en México quejándonos de los nuevos deptos. de 45 metros...)
Aquí entra la historia bizarra, ya que el departamento no está libre, per se, hasta el primero de septiembre, pero para nosotros, otros 10 días de hotel era muchísimo dinero, por lo que pedimos entrar al instante, pero si la que renta actualmente, que está de vacaciones regresa, está en todo su derecho de corrernos. Esperamos que llegue el 31 corriendo a sacar sus cosas.
Por lo pronto, ya estamos en el 5° piso de la calle Blasco de Garay en el número 62. De invasores…
El calor ahí está unos 5°C por encima de la temperatura ambiente exterior ya que por ser el piso de hasta arriba, el techo irradia al interior todo el calor que ha absorbido durante el día, y para cuando ya se ha enfriado, ya está saliendo el sol de nuevo.
Todavía tenemos que contratar el Internet, por lo que ahora me estoy en un Starbucks redactando todos mis correos antes de enviarlos, ya que sólo me dan 45 minutos de internet. Entonces aprovecho el aire acondicionado, mientras escribo. Hablando de eso, acá el aire acondicionado es sorprendente. TODOS lados tienen aire acondicionado, y les vale: dejan los coches encendidos mientras se bajan a platicar con alguien en la calle, muchos centros comerciales tienen el aire a todo, y no tienen una puerta que selle el sistema cuando la gente no está accediendo/saliendo, el metro tiene aire acondicionado, los camiones tienen aire acondicionado, etc. Pagan una lanotototota de luz. Yo haría menos ventanas y más aislamiento térmico, en los edificios, pero aquí tienen para pagarlo, y en invierno les reditúa la luz de las grandes ventanas, pero gastan en calefacción por no tener los muros aislados, algunos.
Me quedan dos semanas antes de entrar a la escuela, y aparte de visitar El Escorial, El Palacio Real, y el Reina Sofía, me quedan pocas cosas por hacer. Ayer caminé desde la Caixa Forum (un centro de exposiciones padrísimo) que está por el Reina Sofía (Metro Atocha, donde hay una estación de trenes bastante padre también), hasta la plaza España, y de ahí de regreso hasta la puerta de Alcalá.
Sólo la Caixa Forum me ha hecho decir ‘wow’, y también el Palacio Real. Todo Madrid es como una mezcla de Polanco/Anzures/Condesa/Roma con edificios de 5+ niveles TODOS. Urbanísticamente está bastante homogeneizada la ciudad.
El aspecto en general de los edificios, me tiene sorprendido: aquí la cultura del mantenimiento de los edificios está llevada al extremo: todos, o el 90% de los edificios que he visto, parecen nuevos. Tan nuevos, que no parecen antiguos. No me gustan. Son como de chocolate. No les han permitido envejecer, excepto por el lenguaje que ostentan. Es como si los edificios estuvieran embalsamados.
La ciudad en general es limpia, excepto por los fumadores, que aquí tiran sus colillas donde sea. Si dejaran de existir las colillas de cigarro, Madrid sería muy limpia. Hay dos cosas que realmente me gustan de Madrid, que caen dentro del mismo rubro: la humanidad de su infraestructura, es decir cómo las banquetas, los semáforos, la señalización, la cultura vial, etc., son amables con sus usuarios, son humanos. Y otra cosa, la gente es en general amable. Bruta, y tosca, pero amable y con buenas intenciones. Aquí me han contado que no te asaltan a mano armada, no hay atracos. Lo que sí sucede es lo que en inglés se denominan pick-pocket o ‘ladronzuelos de poca monta’, jajaja, que básicamente son carteristas, y ladrones oportunistas. ‘La ocasión hace al ladrón’, muchas veces, y aquí se sabe en qué barrios (que son los turísticos, como ‘La Latina’) hay de estos farsantes.
¡Los Chinos! Casi los olvido: Los Chinos son una comunidad bastante presente en Madrid. Aquí los Chinos hacen lo mismo que en México: Vender chácharas, y también tienen otra modalidad: peluqueros. Están completamente institucionalizados y están dispersos por todos lados. Son los que te venden las fundas de tu celular, los que liberan tu teléfono de la compañía telefónica, y arreglan tu computadora… Y te cortan el pelo.
Aquí los Mexicanos les caemos bien a todos. Los más insoportables son los Gallegos, cuya cocina deja mucho que desear, y no se les entiende un carajo, y los operadores de los ‘Locutorios’ (ODIO esa palabra), que básicamente son los cibercafés sin café, y donde hablas por teléfono de larga distancia si eres pobre. Hindúes, Ecuatorianos… Lo que sea, como reciben a todos los pobres del mundo que queremos hablar por teléfono, te tratan como si fueran la mismísima Reina Isabel, y tú el perdedor que les vas a lamer las botas. Horribles.
Es todo por ahora. Las fotos estarán en Flickr, y mis actualizaciones en Twitter, etc.
Un abrazo a todos. Los extraño tanto, y sigo esperando que Madrid valga la pena, pero para lo hermoso que es México y quienes lo habitamos, y sobre todo quienes están en mi corazón, la veo difícil. Seguiré dándole chance.

